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Este artículo fue publicado por primera vez en septiembre,
1969, en vol.2, no.9 del FISLetter y ha sido adaptado para Deflamenco.
Muchos aficionados al flamenco son incapaces de distinguir esta
forma de las clásicas alegrías, pero las diferencias
son considerables, y como ocurre en casi todo el repertorio del
flamenco, se centran en el cante. Podemos notar variaciones importantes
en la melodía y el contenido de los versos, además
en el acompañamiento de la guitarra por tratarse de otro
cante.
Es
un toque habitualmente realizado en la posición de ‘do’
(do-sol7-fa). Casi todos los cantes tienen una posición tradicional
en la guitarra, pero el tocaor debe tocar en un tono cómodo
para el cantaor o la cantaora. Por lo tanto, si no es posible acomodar
la voz entre el ‘0’ y el sexto o séptimo traste
del instrumento, habrá que emplear la posición de
‘la’, ‘mi’, u otra. Naturalmente una posición
alternativa proporciona otro aire en el ‘producto’ terminado
y puede crear problemas para el guitarrista limitado o falto de
experiencia. No obstante, un tocaor experimentado que conoce su
instrumento aprovecha la oportunidad para hacer algo fresco dentro
de una estructura tradicional.
Estética de Caracoles - Milagros Menjíbar
Una diferencia destacable en el acompañamiento del cante
de caracoles es una breve modulación al tono de ‘mi’
(do sostenido en postura de ‘la’, sol sostenido en postura
de ‘mi’) que normalmente no forma parte de la progresión.
El saber cuando realizar este cambio (que sólo se mantiene
breves momentos), requiere una familiarización con la melodía,
y si se toca a destiempo, el resultado es más bien desagradable
al oído – más vale omitirlo que emplearlo equivocadamente.
He aquí unas generalizaciones:
1 – Ya que la casi totalidad de los cantaores emplean los
mismos versos de caracoles, esté atento para la frase “Ay,
eres bonita” en el primer verso, y “Y regordonas que
se acaban” en el segundo, para identificar el momento del
cambio.
2 – Recuerda que en todo el grupo de las cantiñas
(caracoles, mirabrá, romeras, etc.), el lugar más
recomendable para cambiar de tono es en el 3er o el 10º golpe
de cualquier compás. Aunque no sea una regla, sí
que ayuda a mantener cierta estructura de la cual pueden depender
el cantaor y/o bailaor.

Las diferencias en melodía y verso arriba mencionadas se
asemejan a las del mirabrá. Tanto en caracoles como en el
mirabrá la letra y la melodía se alargan durante varios
compases y carecen del formato ordenado de los versos de alegrías
con sus 4 líneas de 8 sílabas cada, y repeticiones
previsibles. El verso poético de los caracoles carece de
gran valor literario, y en el mejor de los casos se puede decir
que los tercios componen una colección de pinceladas de la
vida cotidiana madrileña a primeros del siglo veinte. Hay
referencias a vendedores, toreros, la calle de Alcalá, un
café muy concurrido, etc...
Matilde Coral por Juan Valdés
Existen dos versos de métrica desordenada, y la siguiente
coletilla normalmente es empleada al final de ambos:
Ay caracoles, ay caracoles
mocita ¿qué ha dicho usted?
que son tus ojos dos soles
y vamos viviendo y olé
En cuanto a la creación y evolución del cante, la
historia más universalmente aceptada es que Tío José
el Granaíno (de Sanlúcar a pesar del apodo), picador
y cantaor aficionado a mediados de los mil ochocientos, fue uno
de los primeros intérpretes, si no el creador de los caracoles.
Su versión más probablemente no fue más que
la modificación de una canción popular, posiblemente
la llamada “La Caracolera”, según algunos estudiosos.
Se dice que los caracoles del Tío José se cantaban
más pausada y majestuosamente que la versión que ha
llegado a nuestros días.
Después
aparece el cantaor Paco el Gandul (también conocido como
Paco el Sevillano o Paco Botas, c.1840-1905) de Alcalá que
dio nueva vida a estos cantes algo reservados aportando el compás
y aire desenfadado tan característico de las cantiñas.
En este estado el cante llegó a Madrid a través de
los toreros Curro Cuchares y El Tato cuyos nombres figuran en el
verso.
Fue el legendario cantaor don Antonio Chacón (1869-1929)
que alargó y completó el cante, aportando brillantez,
sabor y un aire vivaz. Por todo Madrid Chacón popularizó
los caracoles y los mismos versos que hoy en día se cantan.
Don Antonio Chacón
Romero el Tito (siglos XIX-XX), un bailaor de la época del
café cantante, se recuerda como el creador del baile por
caracoles que difiere de las alegrías en su falta de estructura
rígida. Rara vez se realiza el ‘paseo’ (también
llamado ‘silencio’ o ‘falseta’), o la ‘castellana’,
no se suelen emplear ‘desplantes’ ni se termina por
bulería. El baile sigue un compás relativamente moderado,
sin las típicas aceleraciones y ‘llamadas’ del
baile por alegrías. El cante de caracoles es más largo
que las alegrías lo cual permite que el bailaor o la bailaora
se entretenga con braceo, posturas elegantes y paseos garbosos.
Por este motivo es un baile más típicamente femenino,
a menudo realizado con abanico, mantón y/o bata de cola.
El baile gozó de gran popularidad hace algunos años
cuando Antonio Ruiz lo incluyó en el repertorio de su compañía.
Caracoles con abaníco
El cante de caracoles es algo estirado, poco gitano, más
parecido a una canción que un cante, y carece de gran valor
musical o flamenco. No obstante tiene su peculiar gracia y un sabor
que nos recuerda Madrid de hace un siglo.
Actualización 2003: Como tantas
variantes de las formas básicas, el cante de caracoles se
escucha poco hoy en día. José Menese que disfruta
con rescatar los cantes así abandonados, es de los pocos
que sigue incluyéndolo en su repertorio.
Tienda
de Zapatos 'Don Flamenco'

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