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3 de septiembre de 2010
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CARACOLES
En la década de los sesenta, el Flamenco Information Service Library de New York publicó una serie de artículos bajo el lema "Ritmo del mes" que mensualmente estudiaba una de las formas del flamenco. Las revistas originales han sido incorporadas en la colección permanente del Centro de Flamencología de Jerez (CAF). Deflamenco estará repitiendo esta serie de artículos a intervalos irregulares durante los meses venideros.

Este artículo fue publicado por primera vez en septiembre, 1969, en vol.2, no.9 del FISLetter y ha sido adaptado para Deflamenco.

Muchos aficionados al flamenco son incapaces de distinguir esta forma de las clásicas alegrías, pero las diferencias son considerables, y como ocurre en casi todo el repertorio del flamenco, se centran en el cante. Podemos notar variaciones importantes en la melodía y el contenido de los versos, además en el acompañamiento de la guitarra por tratarse de otro cante.

Es un toque habitualmente realizado en la posición de ‘do’ (do-sol7-fa). Casi todos los cantes tienen una posición tradicional en la guitarra, pero el tocaor debe tocar en un tono cómodo para el cantaor o la cantaora. Por lo tanto, si no es posible acomodar la voz entre el ‘0’ y el sexto o séptimo traste del instrumento, habrá que emplear la posición de ‘la’, ‘mi’, u otra. Naturalmente una posición alternativa proporciona otro aire en el ‘producto’ terminado y puede crear problemas para el guitarrista limitado o falto de experiencia. No obstante, un tocaor experimentado que conoce su instrumento aprovecha la oportunidad para hacer algo fresco dentro de una estructura tradicional.

 

 

 

 

 

Estética de Caracoles - Milagros Menjíbar

Una diferencia destacable en el acompañamiento del cante de caracoles es una breve modulación al tono de ‘mi’ (do sostenido en postura de ‘la’, sol sostenido en postura de ‘mi’) que normalmente no forma parte de la progresión. El saber cuando realizar este cambio (que sólo se mantiene breves momentos), requiere una familiarización con la melodía, y si se toca a destiempo, el resultado es más bien desagradable al oído – más vale omitirlo que emplearlo equivocadamente. He aquí unas generalizaciones:

1 – Ya que la casi totalidad de los cantaores emplean los mismos versos de caracoles, esté atento para la frase “Ay, eres bonita” en el primer verso, y “Y regordonas que se acaban” en el segundo, para identificar el momento del cambio.

2 – Recuerda que en todo el grupo de las cantiñas (caracoles, mirabrá, romeras, etc.), el lugar más recomendable para cambiar de tono es en el 3er o el 10º golpe de cualquier compás. Aunque no sea una regla, sí que ayuda a mantener cierta estructura de la cual pueden depender el cantaor y/o bailaor.

Las diferencias en melodía y verso arriba mencionadas se asemejan a las del mirabrá. Tanto en caracoles como en el mirabrá la letra y la melodía se alargan durante varios compases y carecen del formato ordenado de los versos de alegrías con sus 4 líneas de 8 sílabas cada, y repeticiones previsibles. El verso poético de los caracoles carece de gran valor literario, y en el mejor de los casos se puede decir que los tercios componen una colección de pinceladas de la vida cotidiana madrileña a primeros del siglo veinte. Hay referencias a vendedores, toreros, la calle de Alcalá, un café muy concurrido, etc...

 

 

 

 

Matilde Coral por Juan Valdés

Existen dos versos de métrica desordenada, y la siguiente coletilla normalmente es empleada al final de ambos:

Ay caracoles, ay caracoles
mocita ¿qué ha dicho usted?
que son tus ojos dos soles
y vamos viviendo y olé

En cuanto a la creación y evolución del cante, la historia más universalmente aceptada es que Tío José el Granaíno (de Sanlúcar a pesar del apodo), picador y cantaor aficionado a mediados de los mil ochocientos, fue uno de los primeros intérpretes, si no el creador de los caracoles. Su versión más probablemente no fue más que la modificación de una canción popular, posiblemente la llamada “La Caracolera”, según algunos estudiosos. Se dice que los caracoles del Tío José se cantaban más pausada y majestuosamente que la versión que ha llegado a nuestros días.

Después aparece el cantaor Paco el Gandul (también conocido como Paco el Sevillano o Paco Botas, c.1840-1905) de Alcalá que dio nueva vida a estos cantes algo reservados aportando el compás y aire desenfadado tan característico de las cantiñas. En este estado el cante llegó a Madrid a través de los toreros Curro Cuchares y El Tato cuyos nombres figuran en el verso.

Fue el legendario cantaor don Antonio Chacón (1869-1929) que alargó y completó el cante, aportando brillantez, sabor y un aire vivaz. Por todo Madrid Chacón popularizó los caracoles y los mismos versos que hoy en día se cantan.

 


Don Antonio Chacón

Romero el Tito (siglos XIX-XX), un bailaor de la época del café cantante, se recuerda como el creador del baile por caracoles que difiere de las alegrías en su falta de estructura rígida. Rara vez se realiza el ‘paseo’ (también llamado ‘silencio’ o ‘falseta’), o la ‘castellana’, no se suelen emplear ‘desplantes’ ni se termina por bulería. El baile sigue un compás relativamente moderado, sin las típicas aceleraciones y ‘llamadas’ del baile por alegrías. El cante de caracoles es más largo que las alegrías lo cual permite que el bailaor o la bailaora se entretenga con braceo, posturas elegantes y paseos garbosos. Por este motivo es un baile más típicamente femenino, a menudo realizado con abanico, mantón y/o bata de cola. El baile gozó de gran popularidad hace algunos años cuando Antonio Ruiz lo incluyó en el repertorio de su compañía.


Caracoles con abaníco

El cante de caracoles es algo estirado, poco gitano, más parecido a una canción que un cante, y carece de gran valor musical o flamenco. No obstante tiene su peculiar gracia y un sabor que nos recuerda Madrid de hace un siglo.


Actualización 2003: Como tantas variantes de las formas básicas, el cante de caracoles se escucha poco hoy en día. José Menese que disfruta con rescatar los cantes así abandonados, es de los pocos que sigue incluyéndolo en su repertorio.

 

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